¿Cómo lo hicieron? A lo Garçonne!20 marzo, 2017

Garçonne

¿Cómo lo hicieron? A lo Garçonne!

Retroceder en el tiempo hasta el París de los años 20, lugar y época en los que se inspira nuestra colección Le Bal des Arts, y encontrar a todas esas mujeres valientes que defendieron sus derechos y que se hicieron oír y seguir por el resto. ¿Que cómo lo hicieron? A lo Garçonne.

Las chicas Garçonne

El término “garçonne” nació en el París de los años 20 para definir un estilo de vida que en poco tiempo se convertiría en un fenómeno social: el de la emancipación de la mujer y la reivindicación de la igualdad de género.

Lo años 20 fueron la década maravillosa y llena de luz que siguió a la oscuridad de la Primera Guerra mundial. El epicentro de la alegría se situó en París, donde las mujeres empezaron a reclamar un espacio propio en la sociedad: durante la guerra, la mayoría habían ocupado puestos de trabajo típicamente masculinos y no estaban dispuestas a volver al rol social tradicional de la mujer. Estas mujeres valientes se cortaron el pelo y adoptaron un estilo andrógino de pantalones, chaquetas y corbatas que muy pronto se convirtió en la moda del momento. Así nacieron las Garçonne.

El estilo Garçonne fue impulsado por la propia Coco Chanel. De ella es la frase “una mujer que se corta el pelo, está por cambiar su vida“, que representa a la perfección el concepto que querían transmitir las Garçonne. Al otro lado del charco, la actriz estadounidense Louise Brooks se convirtió en el icono de este estilo masculino: pelo muy corto y con raya a un lado.

 

Garçonne

 

El estilo “bob cut” resurgió en los años 60 de la mano del maestro Vidal Sasson y el corte pixie que conquistó a toda una generación. En la actualidad, la estética masculina que iniciaron las mujeres Garçonne en los locos años 20 sigue siendo tendencia. Nuestra favorita es la actriz Audrey Tautou y su corte masculino con rizos.

 

Garçonne

 

 

Garçonne: puntilla francesa, tul y plumeti

El conjunto Garçonne está inspirado en el espíritu de este movimiento y en el estilo de vida de estas atrevidas mujeres. El sujetador es de corte clásico de aro y pinza, cómodo y flexible para adaptarse al día a día de cualquier mujer. Pero el estilo masculino no significa de ningún modo renunciar a la elegancia: por eso está confeccionado con fino tul de plumeti y adornado en la copa con una puntilla ancha francesa. Es una prenda femenina y delicada, pero también práctica y versátil, perfecta para cualquier ocasión.

 

Garçonne

 

La parte de abajo es una braguita ligera e invisible bajo la ropa exterior: la puntilla ancha a juego recorre la cadera con tiro bajo en la parte delantera, y se completa con una blonda francesa de panal de abeja. La combinación ideal, disponible en bikini y en tanga.

 

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El microcuento que relata esta historia

Confiamos en Espido Freire para relatar la historia de este conjunto y sumergirnos durante unos segundos en la realidad de aquellas mujeres, que vivieron y soñaron en el París de los años 20. A lo Garçonne!

A lo Garçonne

-¿Estás segura? -me ha preguntado el peluquero, antes de dar el primer tijeretazo. Y ha hecho bien, porque de otra manera yo hubiera continuado perdida en mis pensamientos, sin darle mayor importancia a lo que iba a hacer.

-Sí -le ha dicho la mujer del espejo, y los mechones han comenzado a caer en torno a mis hombros, por la espalda, en mechones oscuros como plumas que se formaran a mi alrededor para darme alas. He mirado a la mujer del espejo, y nos hemos sonreído para darnos ánimo. Somos bellas. Dos Bellas a las que separa un cristal.

Después, con la nuca y la frente liberada de peso, ha llegado el turno del armario. ¿Qué hacía aquello allí? ¿Fui yo, de verdad, la que alguna vez compré eso? Las prendas se han amontonado a mi lado, una colina multicolor y algo ajada, como la piel vieja que dejaba atrás para una ceremonia que me aguardara.

Y así comienzan las grandes decisiones, las vidas nuevas. Conmigo ligera, libre, casi desnuda, con un poco de encaje sobre mi piel y todo lo que ello evoca: porque así, sin más adornos, con una sencillez tan complicada de conseguir, empiezo a definirme con mis palabras, con mis acciones, con mis deseos, con mi cuerpo. Con mis equivocaciones. Las mías. Bajo el encaje, la piel se eriza. Estoy segura.

 

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